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La temperatura se define como la medición relativa de que tan frío o caliente está un material comparado con una referencia conocida. Utilizamos escalas relativas como Fahrenheit o Celsius en nuestras mediciones de temperatura cotidianas. Son llamadas escalas de temperatura relativas pues están relacionadas con los puntos de evaporación y congelación del agua. También se tienen escalas de temperatura absolutas como Kelvin y Rankine, que son llamadas absolutas pues inician en el cero absoluto, donde la referencia es el punto en el cual teóricamente el movimiento molecular se detiene. Sin embargo, al realizar inspecciones con termografía no solo se trata de decidir cual escala de temperatura se desea utilizar (que por lo regular podría ser ˚C o ˚F), también se debe determinar que temperatura se desea reportar, por ejemplo: ¿Se desea reportar el aumento de la temperatura de un equipo en relación a la temperatura ambiental?, o ¿el aumento de temperatura en relación a las otras fases adyacentes?, o ¿la temperatura superficial aparente de los equipos?, También podríamos pensar en, ¿cuál temperatura se reportará cuando se desee indicar la presencia de una posible ‘anomalía térmica’? o ¿Cuál escala se debería utilizar en el caso de que se desee analizar la tendencia de la temperatura en un equipo?
Para ciertas aplicaciones de la termografía los valores cuantitativos de temperatura podrían resultar inadecuados, e idealmente podría no desearse reportar ninguna temperatura debido a la potencial inexactitud y limitaciones de las mediciones radiométricas. En el caso de ser requerido reportar mediciones de temperatura a las personas que se entregará el reporte, se deberían evaluar los pros y contras del método a utilizar.
Primero debemos pensar que el valor de temperatura que la cámara termográfica mide es la temperatura aparente de dicha superficie, y esta podría ser la temperatura más fácil y rápida de reportar. Sin embargo, se debe considerar que aun si se está inspeccionando objetos con alta emisividad y con casi nula pérdida de calor por convección, la temperatura medida podría no ser exacta. En el mejor de los escenarios, muchas de las cámaras termográficas podrían tener un margen de error o incertidumbre de +/- 2°C o 2% de la medición (lo que sea más grande a 30°C). Para medir radiométricamente temperaturas exactas debemos conocer el valor exacto de la emisividad y la temperatura de fondo de la superficie que se inspecciona y luego realizar los ajustes necesarios en la cámara termográfica, lo cual podría no resultar práctico en situaciones de la vida real. Sin conocer exactamente el valor de la emisividad y la temperatura de fondo no podríamos obtener una medición radiométrica de temperatura exacta. De inspeccionar objetivos de alta emisividad, la temperatura aparente medida podría ser cercana a la temperatura superficial real pero la misma no será 100% exacta. En el caso de superficies de baja emisividad, la temperatura aparente medida podría diferir de la temperatura real.
Otro posible escenario podría ser reportar el aumento sobre la temperatura ambiental. Para utilizar este método podríamos preguntarnos, ¿Qué es la temperatura ambiente? ¿Cómo podría medirse la temperatura ambiente?, ¿Podría utilizarse la temperatura ambiental del pronóstico del clima en el ‘App’ en nuestro teléfono?, ¿Debería utilizarse un medidor de temperatura ambiental de mano?, o ¿Podría utilizarse la cámara termográfica para obtener la temperatura aparente de la pared o del suelo? (esta última medición como se mencionó en el párrafo anterior podría tener cierto grado de inexactitud). Cualquier método que se decida utilizar debería ser documentado y debería considerarse la confiabilidad de este. Podríamos también analizar la distancia a la que se está del objeto al momento de realizar la inspección, por ejemplo, ¿Se tendrán las mismas condiciones ambientales en la línea de transmisión a 30 metros sobre el suelo al ser comparadas con el lugar donde se está parado realizando la inspección? Puede que la respuesta sea no. Podrían analizarse si la temperatura ambiental en el lugar donde está trabajando un motor eléctrico podría ser diferente a la temperatura ambiental desde donde realiza la inspección.
Podríamos reportar si la temperatura medida excede la temperatura máxima de operación del equipo, esto de contar con las especificaciones del mismo. De utilizar este método se debe tener presente que la temperatura máxima de operación de un equipo podría depender de si se tiene la máxima carga aplicada al mismo. Podríamos preguntarnos, ¿Cuánto podría variar la temperatura de un equipo si al momento que se realizar la inspección no se cuenta con la carga máxima? Por ejemplo, si al momento de realizar una inspección el equipo opera al 75% de la carga y de no haberse excedido la temperatura máxima de operación, podríamos pensar que no existe ningún problema, pero deberíamos preguntarnos ¿Qué pasará con la temperatura del equipo si la carga incrementa en el futuro? Podría resultar necesario medir la carga en el equipo o conocer los ciclos de trabajo, pero lo anterior podría incrementar el tiempo para completar la inspección. Podríamos considerar los posibles cambios en las temperaturas ambientales y cómo esto podría afectar la temperatura de los equipos, como en el caso de cambio de estaciones climáticas. Al utilizar el enfoque de si se ha excedido la temperatura máxima de operación de los equipos, debemos comprender que este acercamiento no permite monitorear la condición de funcionamiento, por el contrario, podría únicamente ser un indicador de que una falla de funcionamiento ya haya sucedido y en el peor de los casos que una falla catastrófica podría suceder.
De todos estos variados métodos antes mencionados, probablemente el más útil sea reportar el aumento de temperatura sobre fases adyacentes, o componentes similares funcionando en condiciones ‘normales’. Mucho de lo que hacemos como usuarios de la termografía es buscar diferencias cualitativas por comparación de componentes similares adyacentes, pues podría resultar más fácil tratar de observar diferencias en las temperaturas aparentes pues componentes similares deberían funcionar a temperaturas parecidas. Lo bueno de la termografía es que nos provee imágenes que podrían mostrarnos si existen diferencias térmicas entre dispositivos o equipos. Por lo anterior, aun sabiendo que la temperatura superficial medida entre una anomalía y un componente similar no son completamente exactas, podríamos observar visiblemente la diferencia térmica entre ellas. También debemos comprender que el Delta T real entre dos componentes similares podría ser mayor al Delta T medido al momento de realizar la inspección, lo que podría significar que los valores medidos con la cámara termográfica deberían ser únicamente considerados como mediciones mínimas o base, que dependen de muchas variables.
En el caso de usuarios de la termografía que sean contratistas externos, podría ser una buena idea incluir en el reporte una sección que contenga ‘limitaciones de responsabilidad’ explicando cuales son las temperaturas que se están reportando y como se determinaron las mismas, además se deberían mencionar las limitaciones de la tecnología y otros factores que podrían afectar la exactitud de la medición como por ejemplo, la emisividad.
Sin el entrenamiento adecuado, muchas personas podrían no entender que las cámaras termográficas son algo más que ‘termómetros costosos’. Las cámaras termográficas miden la radiación infrarroja y luego calculan la temperatura, la cual podría no ser correcta de no contar con toda la información exacta y necesaria. Si comprendemos las limitaciones de la tecnología, la teoría básica de la transferencia de calor, los pros y contras de la temperatura que se reporta; podríamos evitar muchos problemas pues se cuenta con el fundamento adecuado. Debemos recordar que nuestras inspecciones podrían ser evaluadas en función a la calidad del reporte, por lo que deberíamos asegurarnos de reportar todo lo que sea relevante.